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La única manera de garantizar una excelente experiencia con un escort en Quilmes, o en cualquier parte de Buenos Aires, es filtrar muy bien la persona que quieres escoger. Nosotros tenemos gran variedad para que elijas bien.

Algunos clientes mantienen en secreto sus preferencias sexuales y tienen miedo de ser descubiertos, pero los escorts se manejan confidencialmente y respetan la intimidad de los demás. Así que no hay nada que temer.

Los servicios sexuales se han diversificado para complacer a todos los gustos sin importar preferencias, ya sean heterosexuales, homosexuales o bisexuales. Cada vez más hombres gais contratan a escorts de Quilmes con la finalidad de pasar gratos momentos de placer en manos de estos profesionales del sexo.

Cuerpos definidos, rostros agraciados e inteligencia caracterizan la oferta de hombres que venden su cuerpo a otros caballeros. Están capacitados no solo para brindar orgasmos, sino también para ofrecer compañía calificada.

Contratar a un hombre de compañia puede hacerse en un momento específico, como una manera de relajarse y liberar el estrés durante unas horas de diversión, o puede repetirse varias veces hasta construir una relación mutuamente beneficiosa. Tú decides lo que quieres, a fin de cuentas eres el cliente.

El primer paso consiste en tener una buena idea de lo que quieres; es decir, definir la experiencia perfecta según tus gustos. Eres tú quien decide el tipo de escort que quieres conocer y su aspecto físico.

También resulta indispensable saber cuánto tiempo quieres pasar con él y lo que quieres hacer, ya sea un encuentro sexual o no sexual. ¿Estás buscando una reunión casual o esperas conseguir un chico para establecer una relación comercial más duradera? Al tener claros estos puntos, podrás avanzar.

Cuando hayas hecho las preguntas pertinentes y estés seguro de que conseguiste el chapero ideal de acuerdo con tus gustos, haz la llamada para concretar el encuentro.

Aprovecha la oportunidad para profundizar la investigación sobre él y dejar bien claro que el acompañante está dispuesto a satisfacer los deseos sexuales que tienes en mente. Insistimos en que hables claro desde el principio para que después no vaya a haber sorpresas desagradables.

Recuerda que tu llamada no será la única que recibirá el chapero en el día, pues estos profesionales están acostumbrados a recibir decenas de llamadas de clientes interesados. No obstante, la mayoría no avanza porque las personas no averiguan los datos básicos del chapero antes de contactarlo.

En la medida que el acompañante sepa lo que deseas, tu ubicación, la forma de contacto y el tiempo que quieres para el encuentro, habrá más probabilidades de que te tome en serio y acceda a darte el sexo que buscas.

Si logras programar una cita con un escort en Quilmes en Zona Sur,  procura confirmar que el encuentro sí se llevará a cabo. Es muy importante que confirmes las reservas en el restaurante, en caso de que vayan a comer antes, y en el hotel. Además de que avises antes de ir a buscar a tu acompañante para que todo esté organizado.

Si se toman estas previsiones, evitarás posibles confusiones que provoquen demoras y retrasen el comienzo de la diversión. ¿Acaso no quieres aprovechar cada minuto con el chico guapo que contrataste?

Es normal que te sientas nervioso, sobre todo si es la primera vez. Antes de llegar a la cita con el escort de Quilmes, trata de relajarte. ¿Piensas que estás en peligro? Cuéntale a un amigo lo que harás o deja datos del acompañante en un lugar seguro.

Además de tranquilo, debes ir totalmente aseado porque la mala higiene puede cancelar todos los planes. Cuando un cliente no está limpio, es probable que el acompañante se limite o decida no hacer nada, a pesar de que sea un profesional. Aplica el sentido común.

La amabilidad y el respeto son dos cualidades que los acompañantes profesionales apreciarán y tomarán en cuenta en caso de que quieras nuevos encuentros. Nadie querrá tener una cita con alguien despreciable, por más que esté pagando mucho dinero.

El chapero fue contratado para brindar un servicio, pero es una persona y la mayoría de los humanos responden a la amabilidad con amabilidad y la falta de respeto con falta de respeto.

Alguien que trata bien a otro, con respeto y amabilidad, tiene mayores probabilidades de hacerlo sentir a gusto y obtener recompensas que le agradarán. Por otro lado, un chapero insultado tendrá ganas de salir cuanto antes de ese lugar donde no lo aprecian.

Marcos, un Escort de Quilmes comparte su historia

Una breve reseña de mi vida

Aquí les presento la historia, soy Marcos Lopez , un joven estudiante universitario de literatura de 23 años, que también participa en organizaciones benéficas de alfabetización para niños. Juan describe los siete meses que pasó trabajando como chico de compañia en Quilmes, mientras investigaba para su nueva novela en Chueca, el famoso barrio madrileño. Juan vive con su compañero Ángel, de 30 años, gerente de relaciones públicas, en una reconocida empresa española.

De pie, frente a mí, con las manos apoyadas firmemente sobre la mesa, el hombre adinerado, de mediana edad que acababa de gastar 40 euros por hora para pasar la noche conmigo, me dijo exactamente qué esperaba de su dinero. -He pagado tu tiempo, tu cena y todas tus bebidas. Ahora vas a follar conmigo-, declaró. Luego señaló la escalera de su suntuosa casa de Quilmes y se giró.

Claramente, se esperaba que yo le siguiera. En cambio, me aclaré la garganta y repetí lo que le había dicho momentos antes cuando llegamos a la puerta de su casa. -Has pagado por mi compañía, nada más-. Y esa vez, agregué, en buena medida, que era una escolta, no un chapero.

Claramente, me había golpeado un nervio. En este punto, este hombre sin duda normalmente respetable y aparentemente felizmente casado, con dos hijos inteligentes en la universidad, como él había alardeado durante la cena, me golpeó la puerta en la cara.

Y así terminó otra noche de ser tratado como nada más que un objeto sexual. Por un hombre quien no me atraía ni de forma remota, pero que creía realmente que comprarme la cena era un pasaporte para follar conmigo.

Pues, ahora sé que esta es una situación que la mayoría de los hombres homosexuales encontramos en algún momento, si no rutinario, durante décadas. Pero, es una situación que nunca dejó de hacerme sentir extremadamente incómodo.

En los cuatro meses que pasé trabajando como chapero gay para investigar mi última novela, muchos de los hombres que reservaron mis servicios, me trataron como poco más que un juguete.

El siguiente paso

El siguiente paso fue registrarme con una agencia nacional de acompañantes. Elegí uno que había visto anunciado en varias revistas de moda. La agencia solía proporcionar servicios de féminas principalmente, pero tal es el creciente mercado gay masculino que decidió ampliar su base de datos. Los acompañantes en sus libros cobraban 40 euros por hora, y el 25 por ciento iba a la agencia.

Una de las tres directoras me entrevistó en la oficina de la agencia en el centro de Quilmes en Zona Sur de Buenos Aires. Se sentía más como las oficinas de una empresa de taxis que como una agencia de acompañantes de alto nivel.

La directora quería saber sobre mis aficiones y si fumaba. No me avergonzaría tener que lidiar con el complicado asunto de tomar el efectivo, me dijeron, todo eso se organizó a través de la oficina.

También explicó que la agencia tenía una política de no sexo. Esto debido a problemas legales sobre ganancias inmorales en lugar de cualquier postura moral. Pero, continuó, si mi cita y yo caímos en los brazos del otro al final de la noche, bueno, eso era un asunto privado.

La mayoría de los clientes, explicó, eran ricos y aburridos. Querían que alguien los hiciera sentir especiales por la noche y le pagaría generosamente a cambio. A mí me sonaba muy bien, y mis primeros trabajos no tenían ataduras sucias.

Mi primera cita, una semana después, fue con Diego, un exitoso abogado de 33 años, no muy agraciado físicamente que aún no ha encontrado a alguien; que vio contratarme como una salida para rechazar las críticas de sus amigos de que aún era soltero. ¿El lugar? Una boda gay. Y de mí dependía jugar al convincente novio. Él, me dijo, estaba feliz siendo soltero pero cansado de tener que justificar eso ante amigos.

Cuando llegamos al lugar, habíamos acordado nuestra historia. Habíamos estado comprando en el mismo supermercado, me había atraído irresistiblemente hacia Diego y le había dado mi número con la esperanza de que me llamara para concertar una cita. Era una historia que seguiría usando con otros clientes que querían desfilarme delante de amigos o familiares.

Tengo que ser sincero, me lo pasé muy bien. Era como estar en una cita a ciegas que nunca iría más lejos, pero sin sentimientos duros por parte de ambos. Los amigos de Diego aceptaron nuestra historia sin cuestionarla, y la encontré divertida e interesante.

A los dos nos pareció gracioso que nadie sospechara que él me estaba pagando para que los estafara. Cuando lo dejé en casa justo después de la medianoche, él me dio las gracias y me dirigí a casa, con Ángel, habiéndome ganado 500 euros.

A la mañana siguiente, se lo conté todo a Ángel. -Suena demasiado bueno para ser verdad-, dijo.

Mi próxima cita fue aún mejor. Brandon era un divorciado de 52 años que quería ir a un partido de fútbol en Barcelona, pero no quería contratar los servicios de un chapero en Barcelona. Le habían hablado de esta agencia de acompañantes y sus políticas. Solo quería compañía masculina, como especie de amigos. Era algo que siempre había querido hacer, y necesitaba a un hombre que conociera bien para ayudarlo a arreglarlo y cuidarlo. No podía creer mi suerte: me estaban pagando por ver jugar al Arsenal en el fútbol.

Lo que estaba por venir

Me di cuenta de que la mayor parte de mi trabajo no sería nada como estos dos primeros trabajos. Para mi tercera cita, me dieron una dirección en una parte de moda de la ciudad. Me dijeron que la puerta estaría en el pestillo y que debía entrar.

Me horrorizaba que el hombre que me contrataba se sintiera lo suficientemente seguro como para no haber visto nada más que una fotografía mía y escuchado sobre mis pasatiempos y estadísticas vitales, para dejarme entrar directamente a su casa de esa manera. Más allá de pedirme una dirección y mi número de teléfono móvil, no sabía que la agencia me había revisado a fondo la seguridad.

Una vez dentro del pasillo, llamé a su nombre y él me contestó desde una sala de estar, diciéndome que entrara directamente. Allí, delante de mí, estaba sentado un hombre gordito de unos 40 años, totalmente desnudo, sobre una cama, totalmente excitado y una sonrisa. Me quedé de pie, pegado al lugar en la puerta, mientras él me llamaba.

-Quítate la ropa, cariño-, dijo seductoramente. -Echemos un vistazo a lo que estoy obteniendo por mi dinero-, continuó diciendo.

Aterrorizado, balbuceé que debe haber algún tipo de error y que él debería tratar con la agencia. Cuando me di la vuelta y, literalmente, salí corriendo de su casa, él gritó: ladrón, auxilio.

Un hombre más experimentado podría haber encontrado toda la cosa divertida, pero para mí, fue simplemente trágico. Este pobre hombre había estado tan desesperado por tener un hombre que le follara durante la tarde que había dejado de lado toda dignidad, y yo le quité este placer. Llamé a la agencia para explicar lo que había sucedido, pero en lugar de simpatizar, a mi jefe le resultó divertido.

Al salir, me encontré con uno de mis colegas, un muchacho de Salamanca, bronceado llamado Dani, que tenía unos 24 años.

Tenía grandes cabellos decolorados, llevaba pesadas joyas de oro y parecía que había salido directamente de los años ochenta. Me sorprendió que cualquier hombre le comprase una bebida, y mucho menos que pagara 40 euros por hora para sentarse en un restaurante con él.

Cuando le conté acerca de mi escape de la casa de ese hombre, no podía creer que me había alejado. -Vamos amigo, ¿no podrías simplemente cerrar los ojos y fingir que es Chris Evans?-, él dijo. No va a pasar que lo llevarás a casa con tu madre después.

Luego pasó a darme varios consejos desagradables sobre cómo poder follar con hombres quienes no le atraen lo más mínimo. Claramente, él y muchos de mis otros colegas, que incluían maestros, entrenadores personales y actores sin trabajo, eran chaperos regulares.

De alguna manera, sin embargo, no pensé que ninguno de ellos admitiría eso a sí mismos, y mucho menos a mí. En cuanto a la llamada “regla” de la agencia, Dani me explicó de manera conspirativa: Usted no les dice. Ellos no preguntan.

Según Dani, esto una actividad muy lucrativa. Ya que, los hombres pagarán cualquier tarifa por hora que usted solicite. Tenía 100 euros y, se jactó, tenía dos clientes regulares, ambos casados, a quienes veía todas las semanas solo para follar.

-Algunos de ellos lo hacen con el permiso de su mujer”, confesó. “Estas tías le da lo mismo si lo hacen con sus secretarias o con chaperos gay, y prefieren que sus esposos salgan de su sistema con alguien con quien nunca se involucrarán- dijo.

Encontré esto difícil de creer hasta que fui reservado, consecutivamente, por dos hombres casados, uno en sus 40 años, el otro en torno a sus 50, que me contaron casi la misma historia. Lo que querían era ir a comer, cenar y luego hacer una orgia conmigo. Al principio, estaba decidido a follar con ellos, quería probar el punto de vista de Dani. Tenía que flexibilizarme si quería conseguir éxito en mi proyecto.

Después, ellos volverían con sus esposas. Solo querían la experiencia de ser follados por otro hombre, sin condiciones. Ambos afirmaron que sus esposas sabían y aceptaban esto. Pero, hubo un momento que dudé y los rechacé. Los dos hombres fueron muy reacios cuando les expliqué amablemente mi impedimento de follar con los dos. No me sentía seguro.

Aun así, debo admitir que fue un impulso de ego por encontrarme tan demandado. Saber que tenía muchas citas concertadas. Podría haberme detenido en cualquier momento, pero me encontré pensando: -Solo una cita más. Veamos a quién tengo esta vez, y qué quiere él-.

Ángel, mientras tanto, se estaba volviendo cada vez más incómodo con la situación. Después de cuatro meses, no podía entender por qué no tenía suficiente material para mi libro.

Empezamos a remar cada vez que reservaban una cita. Incluso le conté a Ángel cada vez que un hombre me proponía follar, sin darme cuenta, sabía de lo mucho que lo estaba lastimando.

Rápidamente desarrollé un sistema de alerta temprana sobre quién exigiría el follar y quién solo quería pasar tiempo con un hombre. Solía ​​ser el hombre de mediana edad, usualmente vestido de arriba abajo; con un traje que era demasiado costoso y lujoso, que coqueteaba torpemente, que se emborrachaba horriblemente y se volvía agresivo cuando los rechace.

Más de la mitad de mis fechas terminaron con una nota agria. Me sentaba tomando un sorbo de vino y escuchándolos en voz baja sobre ellos mismos, nunca remotamente interesados ​​en mí, mientras asentía y sonreía intermitentemente.

En verdad, a estos hombres no les importaba si yo era amable con ellos o no: solo era algo que habían comprado.

Luego empecé a ser menos inflexible, empecé a responder a sus solicitudes. Habían pasado muchos meses, no tenía nada relevante que escribir en mi libro. No sabía nada del trasfondo, no había tocado las entrañas de este mundo. Tenía que saber, sin duda, por qué a alguien como Dani le va tan bien. Tenía que convertirme en un chapero autentico. No alguien con un camuflaje.

Los siguientes días, hable con Ángel. Llegamos al acuerdo. Sí, me permitiría tener sexo con los clientes, pero jamás a tener sentimientos afectivos hacía ellos. Tratarlos como elemento de trabajo, material para ganarme la vida. Todo esto solo con a restricción de no traicionarle y solo hasta encontrar suficiente materia para mi libro. Para que esos hombres no sintieran rechazo. Pudiesen abrirse confortablemente. Poder tocar sus vidas y sentimientos.

Al final, fue con Jean, un bello diseñador de modas francés, educado y elegante.  Él venía por negocios a Madrid, y quien terminó mi carrera como Chapero en Barcelona. Me había contratado, dijo, para poder disfrutar de una noche en la ciudad en un lugar seguro y con alguien hermoso. Charlamos toda la noche durante la cena. Teníamos el mismo gusto por la música, el vino y las películas. Y me sentí increíblemente atraído por él.

Antes de darme cuenta, habíamos salido del restaurante mano a mano. Asimismo, nos estábamos besando en la calle, y los dos queríamos llevarlo más lejos. Tenía ganas de follar con él. Pero esta vez no era por la investigación que llevaba, en verdad quería follar con él.

Fue solo cuando Chloe murmuró que ella presumía que podía pagarme directamente por follar que recapacité. Pensé cuánto lastimaría este acto de traición al hombre que me esperaba en casa, que amaba y quería casarse conmigo.

Y así llegó el abrupto final de mi sórdida incursión en el llamado mundo de la prostitución masculina. Donde aprendí a valorar a los hombres que solicitan este servicio. Hombres exitosos, elegantes, cada uno con una historia particular. Hombres de familia, atados, con a una presión social inmensa. Cada historia que pude obtener, al liberarme de mis prejuicios y mis ataduras con respecto al sexo. El apoyo de mi pareja que es lo más grande que tengo. Me llevo a alcanzar este objetivo. Finalmente conseguí mi propósito. Escribí mi novela.

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