Mi vida como chapero en Madrid

Una breve rese√Īa de mi vida

Aqu√≠ les presento la historia, soy Juan Garc√≠a, un joven estudiante universitario de literatura de 23 a√Īos, que tambi√©n participa en organizaciones ben√©ficas de alfabetizaci√≥n para ni√Īos. Juan describe los siete meses que pas√≥ trabajando como chapero en Madrid, mientras investigaba para su nueva novela en Chueca, el famoso barrio madrile√Īo. Juan vive con su compa√Īero √Āngel, de 30 a√Īos, gerente de relaciones p√ļblicas, en una reconocida empresa espa√Īola.

Cómo comienza todo

De pie, frente a m√≠, con las manos apoyadas firmemente sobre la mesa, el hombre adinerado, de mediana edad que acababa de gastar 40 euros por hora para pasar la noche conmigo, me dijo exactamente qu√© esperaba de su dinero. -He pagado tu tiempo, tu cena y todas tus bebidas. Ahora vas a follar conmigo-, declar√≥. Luego se√Īal√≥ la escalera de su suntuosa casa de Madrid y se gir√≥.

Claramente, se esperaba que yo le siguiera. En cambio, me aclar√© la garganta y repet√≠ lo que le hab√≠a dicho momentos antes cuando llegamos a la puerta de su casa. -Has pagado por mi compa√Ī√≠a, nada m√°s-. Y esa vez, agregu√©, en buena medida, que era una escolta, no un chapero.

Claramente, me había golpeado un nervio. En este punto, este hombre sin duda normalmente respetable y aparentemente felizmente casado, con dos hijos inteligentes en la universidad, como él había alardeado durante la cena, me golpeó la puerta en la cara.

Y así terminó otra noche de ser tratado como nada más que un objeto sexual. Por un hombre quien no me atraía ni de forma remota, pero que creía realmente que comprarme la cena era un pasaporte para follar conmigo.

Pues, ahora s√© que esta es una situaci√≥n que la mayor√≠a de los hombres homosexuales encontramos en alg√ļn momento, si no rutinario, durante d√©cadas. Pero, es una situaci√≥n que nunca dej√≥ de hacerme sentir extremadamente inc√≥modo.

En los cuatro meses que pas√© trabajando como chapero gay para investigar mi √ļltima novela, muchos de los hombres que reservaron mis servicios, me trataron como poco m√°s que un juguete.

Andando m√°s all√°

A pesar de que la agencia de acompa√Īantes con la que me inscrib√≠, ten√≠a una pol√≠tica de no follar con clientes, me qued√≥ claro que lo que suced√≠a entre los clientes era un asunto privado. y la mayor√≠a de las mujeres sin duda esperaban obtener el valor total del dinero.

Algunos eran jóvenes, hermosos y exitosos, el tipo de hombre con los que me hubiera encantado salir en circunstancias normales. Otros tenían la edad suficiente para ser mi padre. La mayoría de ellos eran depredadores y desesperados por follar.

Lo √ļnico que todos ten√≠an en com√ļn era que estaban solos, y preparados para pagar a un chapero en Madrid para que pasara tiempo con ellos, follar con ellos, en lugar de encontrar a alguien que lo haga gratis con ellos. Por supuesto, solo segu√≠ adelante en este proyecto con el pleno conocimiento y apoyo de mi pareja. Esto fue una investigaci√≥n, nada m√°s, subray√©, y √©l admiti√≥ que estaba intrigado por saber sobre los hombres que pagan por follar con un chapero gay.

Acordamos l√≠mites en cuanto a lo f√≠sico que deber√≠a ponerme, en ese momento. Besos en la mejilla nada m√°s y un peque√Īo abrazo cari√Īoso estaban bien, pero nada m√°s all√°.

El siguiente paso

El siguiente paso fue registrarme con una agencia nacional de acompa√Īantes. Eleg√≠ uno que hab√≠a visto anunciado en varias revistas de moda. La agencia sol√≠a proporcionar servicios de f√©minas principalmente, pero tal es el creciente mercado gay masculino que decidi√≥ ampliar su base de datos. Los acompa√Īantes en sus libros cobraban 40 euros por hora, y el 25 por ciento iba a la agencia.

Una de las tres directoras me entrevist√≥ en la oficina de la agencia en el centro de Madrid. Se sent√≠a m√°s como las oficinas de una empresa de taxis que como una agencia de acompa√Īantes de alto nivel.

La directora quería saber sobre mis aficiones y si fumaba. No me avergonzaría tener que lidiar con el complicado asunto de tomar el efectivo, me dijeron, todo eso se organizó a través de la oficina.

También explicó que la agencia tenía una política de no sexo. Esto debido a problemas legales sobre ganancias inmorales en lugar de cualquier postura moral. Pero, continuó, si mi cita y yo caímos en los brazos del otro al final de la noche, bueno, eso era un asunto privado.

La mayoría de los clientes, explicó, eran ricos y aburridos. Querían que alguien los hiciera sentir especiales por la noche y le pagaría generosamente a cambio. A mí me sonaba muy bien, y mis primeros trabajos no tenían ataduras sucias.

Mi primer cliente

Mi primera cita, una semana despu√©s, fue con Diego, un exitoso abogado de 33 a√Īos, no muy agraciado f√≠sicamente que a√ļn no ha encontrado a alguien; que vio contratarme como una salida para rechazar las cr√≠ticas de sus amigos de que a√ļn era soltero. ¬ŅEl lugar? Una boda gay. Y de m√≠ depend√≠a jugar al convincente novio. √Čl, me dijo, estaba feliz siendo soltero pero cansado de tener que justificar eso ante amigos.

Cuando llegamos al lugar, hab√≠amos acordado nuestra historia. Hab√≠amos estado comprando en el mismo supermercado, me hab√≠a atra√≠do irresistiblemente hacia Diego y le hab√≠a dado mi n√ļmero con la esperanza de que me llamara para concertar una cita. Era una historia que seguir√≠a usando con otros clientes que quer√≠an desfilarme delante de amigos o familiares.

Tengo que ser sincero, me lo pasé muy bien. Era como estar en una cita a ciegas que nunca iría más lejos, pero sin sentimientos duros por parte de ambos. Los amigos de Diego aceptaron nuestra historia sin cuestionarla, y la encontré divertida e interesante.

A los dos nos pareci√≥ gracioso que nadie sospechara que √©l me estaba pagando para que los estafara. Cuando lo dej√© en casa justo despu√©s de la medianoche, √©l me dio las gracias y me dirig√≠ a casa, con √Āngel, habi√©ndome ganado 500 euros.

A la ma√Īana siguiente, se lo cont√© todo a √Āngel. -Suena demasiado bueno para ser verdad-, dijo.

El próximo cliente

Mi pr√≥xima cita fue a√ļn mejor. Brandon era un divorciado de 52 a√Īos que quer√≠a ir a un partido de f√ļtbol en Barcelona, pero no quer√≠a contratar los servicios de un chapero en Barcelona. Le hab√≠an hablado de esta agencia de acompa√Īantes y sus pol√≠ticas. Solo quer√≠a compa√Ī√≠a masculina, como especie de amigos. Era algo que siempre hab√≠a querido hacer, y necesitaba a un hombre que conociera bien para ayudarlo a arreglarlo y cuidarlo. No pod√≠a creer mi suerte: me estaban pagando por ver jugar al Arsenal en el f√ļtbol.

Lo que estaba por venir

Pero rápidamente me di cuenta de que la mayor parte de mi trabajo no sería nada como estos dos primeros trabajos. Para mi tercera cita, me dieron una dirección en una parte de moda de la ciudad. Me dijeron que la puerta estaría en el pestillo y que debía entrar.

Me horrorizaba que el hombre que me contrataba se sintiera lo suficientemente seguro como para no haber visto nada m√°s que una fotograf√≠a m√≠a y escuchado sobre mis pasatiempos y estad√≠sticas vitales, para dejarme entrar directamente a su casa de esa manera. M√°s all√° de pedirme una direcci√≥n y mi n√ļmero de tel√©fono m√≥vil, no sab√≠a que la agencia me hab√≠a revisado a fondo la seguridad.

Una vez dentro del pasillo, llam√© a su nombre y √©l me contest√≥ desde una sala de estar, dici√©ndome que entrara directamente. All√≠, delante de m√≠, estaba sentado un hombre gordito de unos 40 a√Īos, totalmente desnudo, sobre una cama, totalmente excitado y una sonrisa. Me qued√© de pie, pegado al lugar en la puerta, mientras √©l me llamaba.

-Qu√≠tate la ropa, cari√Īo-, dijo seductoramente. -Echemos un vistazo a lo que estoy obteniendo por mi dinero-, continu√≥ diciendo.

Aterrorizado, balbuce√© que debe haber alg√ļn tipo de error y que √©l deber√≠a tratar con la agencia. Cuando me di la vuelta y, literalmente, sal√≠ corriendo de su casa, √©l grit√≥: ladr√≥n, auxilio.

Un hombre más experimentado podría haber encontrado toda la cosa divertida, pero para mí, fue simplemente trágico. Este pobre hombre había estado tan desesperado por tener un hombre que le follara durante la tarde que había dejado de lado toda dignidad, y yo le quité este placer. Llamé a la agencia para explicar lo que había sucedido, pero en lugar de simpatizar, a mi jefe le resultó divertido.

Mi encuentro con un colega

Al salir, me encontr√© con uno de mis colegas, un muchacho de Salamanca, bronceado llamado Dani, que ten√≠a unos 24 a√Īos.

Ten√≠a grandes cabellos decolorados, llevaba pesadas joyas de oro y parec√≠a que hab√≠a salido directamente de los a√Īos ochenta. Me sorprendi√≥ que cualquier hombre le comprase una bebida, y mucho menos que pagara 40 euros por hora para sentarse en un restaurante con √©l.

Cuando le cont√© acerca de mi escape de la casa de ese hombre, no pod√≠a creer que me hab√≠a alejado. -Vamos amigo, ¬Ņno podr√≠as simplemente cerrar los ojos y fingir que es Chris Evans?-, √©l dijo. No va a pasar que lo llevar√°s a casa con tu madre despu√©s.

Luego pasó a darme varios consejos desagradables sobre cómo poder follar con hombres quienes no le atraen lo más mínimo. Claramente, él y muchos de mis otros colegas, que incluían maestros, entrenadores personales y actores sin trabajo, eran chaperos regulares.

De alguna manera, sin embargo, no pens√© que ninguno de ellos admitir√≠a eso a s√≠ mismos, y mucho menos a m√≠. En cuanto a la llamada “regla” de la agencia, Dani me explic√≥ de manera conspirativa: Usted no les dice. Ellos no preguntan.

Seg√ļn Dani, esto una actividad muy lucrativa. Ya que, los hombres pagar√°n cualquier tarifa por hora que usted solicite. Ten√≠a 100 euros y, se jact√≥, ten√≠a dos clientes regulares, ambos casados, a quienes ve√≠a todas las semanas solo para follar.

-Algunos de ellos lo hacen con el permiso de su mujer”, confes√≥. “Estas t√≠as le da lo mismo si lo hacen con sus secretarias o con chaperos gay, y prefieren que sus esposos salgan de su sistema con alguien con quien nunca se involucrar√°n- dijo.

Mi primer intento

Encontr√© esto dif√≠cil de creer hasta que fui reservado, consecutivamente, por dos hombres casados, uno en sus 40 a√Īos, el otro en torno a sus 50, que me contaron casi la misma historia. Lo que quer√≠an era ir a comer, cenar y luego hacer una orgia conmigo. Al principio, estaba decidido a follar con ellos, quer√≠a probar el punto de vista de Dani. Ten√≠a que flexibilizarme si quer√≠a conseguir √©xito en mi proyecto.

Después, ellos volverían con sus esposas. Solo querían la experiencia de ser follados por otro hombre, sin condiciones. Ambos afirmaron que sus esposas sabían y aceptaban esto. Pero, hubo un momento que dudé y los rechacé. Los dos hombres fueron muy reacios cuando les expliqué amablemente mi impedimento de follar con los dos. No me sentía seguro.

Momento de decidir

Aun así, debo admitir que fue un impulso de ego por encontrarme tan demandado. Saber que tenía muchas citas concertadas. Podría haberme detenido en cualquier momento, pero me encontré pensando: -Solo una cita más. Veamos a quién tengo esta vez, y qué quiere él-.

√Āngel, mientras tanto, se estaba volviendo cada vez m√°s inc√≥modo con la situaci√≥n. Despu√©s de cuatro meses, no pod√≠a entender por qu√© no ten√≠a suficiente material para mi libro.

Empezamos a remar cada vez que reservaban una cita. Incluso le cont√© a √Āngel cada vez que un hombre me propon√≠a follar, sin darme cuenta, sab√≠a de lo mucho que lo estaba lastimando.

R√°pidamente desarroll√© un sistema de alerta temprana sobre qui√©n exigir√≠a el follar y qui√©n solo quer√≠a pasar tiempo con un hombre. Sol√≠a ‚Äč‚Äčser el hombre de mediana edad, usualmente vestido de arriba abajo; con un traje que era demasiado costoso y lujoso, que coqueteaba torpemente, que se emborrachaba horriblemente y se volv√≠a agresivo cuando los rechace.

M√°s de la mitad de mis fechas terminaron con una nota agria. Me sentaba tomando un sorbo de vino y escuch√°ndolos en voz baja sobre ellos mismos, nunca remotamente interesados ‚Äč‚Äčen m√≠, mientras asent√≠a y sonre√≠a intermitentemente.

En verdad, a estos hombres no les importaba si yo era amable con ellos o no: solo era algo que habían comprado.

Follar con ellos

Luego empec√© a ser menos inflexible, empec√© a responder a sus solicitudes. Hab√≠an pasado muchos meses, no ten√≠a nada relevante que escribir en mi libro. No sab√≠a nada del trasfondo, no hab√≠a tocado las entra√Īas de este mundo. Ten√≠a que saber, sin duda, por qu√© a alguien como Dani le va tan bien. Ten√≠a que convertirme en un chapero autentico. No alguien con un camuflaje.

Los siguientes d√≠as, hable con √Āngel. Llegamos al acuerdo. S√≠, me permitir√≠a tener sexo con los clientes, pero jam√°s a tener sentimientos afectivos hac√≠a ellos. Tratarlos como elemento de trabajo, material para ganarme la vida. Todo esto solo con a restricci√≥n de no traicionarle y solo hasta encontrar suficiente materia para mi libro. Para que esos hombres no sintieran rechazo. Pudiesen abrirse confortablemente. Poder tocar sus vidas y sentimientos.

La √ļltima aventura como Chapero en Madrid

Al final, fue con Jean, un bello dise√Īador de modas franc√©s, educado y elegante.¬† √Čl ven√≠a por negocios a Madrid, y quien termin√≥ mi carrera como Chapero en Barcelona. Me hab√≠a contratado, dijo, para poder disfrutar de una noche en la ciudad en un lugar seguro y con alguien hermoso. Charlamos toda la noche durante la cena. Ten√≠amos el mismo gusto por la m√ļsica, el vino y las pel√≠culas. Y me sent√≠ incre√≠blemente atra√≠do por √©l.

Antes de darme cuenta, habíamos salido del restaurante mano a mano. Asimismo, nos estábamos besando en la calle, y los dos queríamos llevarlo más lejos. Tenía ganas de follar con él. Pero esta vez no era por la investigación que llevaba, en verdad quería follar con él.

Fue solo cuando Chloe murmuró que ella presumía que podía pagarme directamente por follar que recapacité. Pensé cuánto lastimaría este acto de traición al hombre que me esperaba en casa, que amaba y quería casarse conmigo.

Y así llegó el abrupto final de mi sórdida incursión en el llamado mundo de la prostitución masculina. Donde aprendí a valorar a los hombres que solicitan este servicio. Hombres exitosos, elegantes, cada uno con una historia particular. Hombres de familia, atados, con a una presión social inmensa. Cada historia que pude obtener, al liberarme de mis prejuicios y mis ataduras con respecto al sexo. El apoyo de mi pareja que es lo más grande que tengo. Me llevo a alcanzar este objetivo. Finalmente conseguí mi propósito. Escribí mi novela.

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